MARRUECOS PARTE 2: LA COSTA Y UN VIAJE EN EL TIEMPO

Hace unos días les contaba del viaje a Marrakech con El Camino travel y ahora termino este viaje a Marruecos con otros dos lugares muy especiales que visitamos.

El primero fue Essaouira una ciudad pequeña y costera que queda más o menos a 2 horas y media en carro de Marrakech.

Yendo hacia allá paramos a visitar a los artesanos que trabajan tejiendo esparto para crear cestería y otros objetos muy bonitos. Fue muy interesante aprender sobre su trabajo y el material que usan y cómo lo transforman en fibras que después se transforman en objetos.

También paramos en una cooperativa de mujeres que procesan y transforman el aceite de argán, este aceite poderoso nativo de Marruecos tiene un proceso completamente manual en el que se seleccionan las nueces, se quiebran y se muelen para sacar el aceite. Además, lo que sobra se aprovecha para hacer el jabón negro que usan en el hammán tradicional que les contaba en la publicación pasada.

Después de estas dos paradas llegamos a Essaouira, que a diferencia de Marrakech que tiene todas sus construcciones pintadas de rosa salmón (o como dicen mis amigos, rosadito Valeria porque es mi color favorito), está llena de fachadas blancas con ventanas azules. Es además particular que las casas tengan ventanas que dan al exterior pero nos explicaron que es porque la ciudad fue diseñada por un urbanista francés que quiso incorporar las ventanas francesas a las construcciones.

Esta ciudad tiene un ritmo muy diferente al de Marrakech. La medina es pequeña y fácil de recorrer y mucho más tranquila. Se pueden ver las cosas con más detenimiento así que es un buen lugar para aprovechar y comprar textiles como tapetes, cojines, chaquetas, babuchas, chales, etc…

Caminando se puede llegar a la playa para pasar el día y alrededor de la playa hay restaurantes deliciosos de comida de mar en donde te llevan el pescado fresco a la mesa para escoger lo que te vas a comer, o pueden antojarse como yo de unas ostras deliciosas.

Rematamos un día tranquilo de playa, compras y buena comida en el restaurante Megaloft que queda en todo el corazón de la medina y en donde probamos muchos platos deliciosos y celebramos en grande el cumpleaños de Stephanie, una de las viajeras de nuestro grupo.

La otra salida que hicimos por fuera de Marrakech fue mi lugar favorito de todo el viaje.

Nos levantamos temprano y nos fuimos en una van a subir los montes Atlas altos y a volverlos a bajar del otro lado para llegar al Valle del río Draa, un valle lleno de oasis en medio del desierto en donde después de manejar por 6 horas llegamos a un alcázar del siglo XVI cerca a la ciudad de Agdaz.

Allí íbamos a pasar 2 noches para empaparnos de la cultura Bereber y vivir la experiencia de un Marruecos más rural y tradicional, y tengo que decir que se cumplieron todos los objetivos de este paseo porque fue espectacular.

El alcázar es básicamente una fortaleza, pero una fortaleza que incluye entre sus murallas a todo un pueblo o ciudad pequeña. La que nosotros tuvimos la fortuna de visitar es hecha toda completamente en arcilla así que se camufla perfectamente con el entorno desértico de una forma en que casi parece que fuera una montaña.
Toda la fachada y la terraza están decoradas con símbolos bereberes y los espacios son gigantes y llenos de texturas de la arcilla y de los textiles bereberes que usan para decorar los espacios. Yo no podía creer que fuéramos a dormir y a comer en este lugar, fue un regalo increíble y una experiencia que nunca voy a olvidar.

La bienvenida fue en los jardines, rodeados de palmas de dátiles recibimos una clase de cestería seguida por canciones bereberes acompañadas del sonido hermoso del laúd árabe. Fue un momento muy surreal estar en ese lugar, oyendo esa música tan hermosa en ese idioma tan incomprensible pero tan conmovedor, con la luz del atardecer tiñendo todo de rosado… es que no tengo ni palabras para contarlo, a mi se me salieron las lágrimas porque me sentí muy afortunada de estar en ese lugar y en ese momento.
Además terminamos viendo el atardecer en la terraza del alcázar y tomando fotos que parecen afiches de películas viejas como Casablanca o Lawrence of Arabia.

Al día siguiente fuimos a caminar por el alcázar y nos invitaron a almorzar a la casa de Hassan, el dueño y encargado del mantenimiento de este lugar maravilloso, allí tenían todo preparado para que hiciéramos nuestro propio tagine.

Volvimos a descansar un rato porque el calor estaba pasando los 40 grados, y en la tarde fuimos a visitar a Malika, una tejedora tradicional de alfombras que nos enseñó cómo tejen y tiñen la lana y también las alfombras de fibras vegetales.

Los que me conocen se pueden imaginar la felicidad que yo sentí en este viaje viendo y aprendiendo todas estas técnicas tradicionales que me llenan el alma. Además porque me alegro tanto de que se esté concientizando a los turistas y visitantes de que son un patrimonio inmaterial y oficios que se deben conservar y respetar y que se debe pagar lo justo por el trabajo de estos artesanos.

Al volver a nuestro alojamiento nos esperaban dos sorpresas más, porque así son los viajes con El Camino travel, en la terraza nos iban a hacer tatuajes bereberes con henna y en la noche nos esperaba en el patio principal del alcázar una experiencia espectacular de música y baile tradicional Amzigh (que es como los bereber se llaman a sí mismos) que es un trance de tambores y cantos que hace olvidar todos los pesares y el calor.

Nos acostamos felices después de semejante día y al otro día salimos madrugados de vuelta a Marrakech. Pero todavía quedaba una última sopresa porque paramos en una cooperativa de tejedoras que hacen ¡las alfombras más hermosas! Cuando entramos todo estaba impecable y organizado pero como nos enloquecimos un poco viendo todas las bellezas que había, el lugar quedó patas arribas, pero creo que como hubo buenas ventas ¡todos quedamos felices!

Nos despedimos al otro día con el corazón triste porque aunque no lo había mencionado, este grupo de viajeros fue muy especial, creo que se formaron amistades reales porque hubo conversaciones profundas y era un grupo muy diverso y la diversidad siempre hace que todo sea mejor y más interesante.

Con esto termino mi primera experiencia en África que solo me dejó con ganas de más de todo: más África, más de la cultura musulmana, más especias, más color, más técnicas artesanales ancestrales, más desierto, más de idiomas que no entiendo pero que me encantan y más de la gente bonita de Marruecos que hizo que nuestra estadía fuera perfecta. Y aquí quiero mencionar especialmente a Radouane nuestro guía y a Faisal nuestro conductor que siempre le ponían toda la energía a que todo saliera perfecto y lo consiguieron exitosamente.

Con esto me despido por ahora de ustedes pero no por mucho tiempo, porque yo si voy a pasar el Atlántico hago que valga la pena porque odio los vuelos largos, así que de Marruecos me fui a otro desierto, uno muy diferente, lleno de playas, y con mucho sabor Ibérico. De ese les cuento pronto en otra publicación.

Por ahora Beslama que es como se dice adiós en árabe marroquí.

3 comentarios sobre “MARRUECOS PARTE 2: LA COSTA Y UN VIAJE EN EL TIEMPO

  1. Pingback: CABO DE GATA PARTE 1: EL DESIERTO, LAS ROCAS Y EL MEDITERRÁNEO TURQUESA – HISTORIAS DE VIAJES

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