Calanoa Amazonas: A la orilla del Gran río parte 1

A 57 kms río arriba de Leticia, la capital del departamento de Amazonas en Colombia, existe un lugar que es todo lo que está bien con el mundo: construcciones amigables con el medio ambiente (que aquí es selva poderosa) que además son preciosas y se camuflan con el entorno, personal amable y pendiente de todo, comida 5 estrellas con ingredientes de la región, una reserva de 50 hectáreas de bosque intacto e iniciativas sociales que involucran a las comunidades vecinas de Mocagua, El Vergel y Macedonia.

Este lugar se llama Calanoa Amazonas y es un hotel precioso que quedó en el 2021 en la lista de oro de Condé Nast Traveler y que tuve la fortuna de visitar por 6 noches hace un par de semanas acompañando a mi amiga y maestra Marcela Ramírez en su retiro El despertar de la diosa.

Les dejo como siempre una lista de lo que empaqué, sobre todo para los que planean visitarlo pronto:

  • Poncho impermeable que deben cargar siempre con ustedes porque cuando uno menos espera cae un aguacero torrencial.
  • Botas de caucho para caminar por la selva y medias para las botas.
  • Repelente de insectos, MUCHO repelente de insectos: por recomendación de mi hermano pescador hago uno que es una mezcla de Menticol con jabón de Nopikex rayado adentro.
  • Linterna: ojalá de las de cabeza que tienen luz roja para no atraer insectos. Es fundamental para caminar de noche por el hotel.
  • Powerbank para cargar el celular ya que la luz es por páneles solares y a veces se agota (aprovechar para cargar de día).
  • Toalla de secado rápido, yo como siempre me llevé mi favorita de Bubel Barcelona.
  • Pantalones, camisas y camisetas de manga larga de secado rápido para protegerse de los mosquitos y el sol.
  • Chanclas de plástico para caminar por el hotel.
  • 2 vestidos de baño por si uno no alcanza a secarse, es muy húmedo.
  • Gorra.
  • Dinero en efectivo por si quieren comprar artesanías y para dar propinas.
  • Una chalina o pashmina delgada para protegerse de los mosquitos.
  • Si van a llevar vestidos, que sean largos.
  • Termo para el agua, hay como llenarlo en el hotel.
  • Bolsas de plástico para traer la ropa húmeda o las botas.

Algunas recomendaciones adicionales:

  • Todo el plástico o basura no biodegradable que te lleves tráelo de vuelta a la ciudad, a pesar de que en el hotel son muy conscientes con estas cosas, siempre es bueno ayudarles trayendo esta basura a lugares en los que hay programas de reciclaje y separación de residuos medianamente decentes. Con basura no biodegradable me refiero a: paquetes de snacks, tarros de repelente u otros productos de belleza, bolsas de plástico, etiquetas de ropa, pilas, chanclas, etc… Si vas a guardar empaques de snacks que sea en recipientes herméticos para que no atraigan bichos indeseados al interior de tu maleta.
  • Si vas a llevar snacks siempre en recipientes herméticos (cocas de esas tipo Lock & Lock) y mantenerlos dentro de la maleta y mantener la maleta con el cierre cerrado totalmente. Yo personalmente le tengo una fobia tremenda a las cucarachas y cada vez que abría mi maleta la dejaba cerrada totalmente porque no quería cucaracha amazónica en mi casa a la devuelta como se que le ha pasado a varias personas.
  • Si tienes espacio en el equipaje averiguar con las personas del hotel qué se necesita en las comunidades vecinas para llevar una donación, nosotros llevamos entre todas las del retiro 75 piezas de ropa interior menstrual para donar a las mujeres.
  • Llevar espacio para comprar mermeladas de Mary una de las chefs del hotel que son de frutos amazónicos y son DELICIOSAS.
  • Si vas a ir solo a Calanoa puedes llevar perfectamente maleta de rueditas que es más cómoda que los backpacks grandes.

La forma de llegar es volando a Leticia desde Bogotá y del aeropuerto tomar un transporte al puerto desde donde se puede tomar un bote colectivo público que va parando en todas las comunidades a la orilla del río y se demora más o menos 2 horas en llegar, o contratar con anticipación un bote privado que se puede organizar directamente con el hotel o con operadores turísticos en Leticia y que cuesta más o menos 350.000 pesos colombianos y se demora 1:15.

Desde que uno llega al muelle en forma de proa de barco se da cuenta de que Calanoa es un sitio especial: en medio de la selva con su banda sonora surreal de sapos, ranas, grillos y pájaros como el camungo, un ave que parece una especie de paujil grande, se va caminando por pequeños senderos de tabla de madera amazónica para llegar a las cabañas, al comedor y la cocina del hotel entre una galería de la naturaleza que incluye: hongos de todos los tamaños, colores y texturas, trepadoras que parecen pegadas con super pega a los troncos de los árboles, abejorros gigantes que hacen su nido en la tierra y zumban como un mantra infinito y flores de colores brillantes que complementan los miles de tonos de verde que cubren todo, porque si el verde tiene una capital de su reino, es el Amazonas, aquí es donde el verde viene a lucirse en todos sus matices posibles.


Mis cabañas preferidas fueron las que quedan directamente sobre el río Amazonas, el gran río, el más caudaloso del mundo. Pero también hay otras como la casa en el árbol y la casa grande en donde el amanecer está acompañados de sonidos como estos:

El canto del Camungo al amanecer
Amanecer en Calanoa

La casa del árbol

Las cabañas frente al río

La casa grande

Otro atractivo del hotel es la cocina que es preciosa, todo lo guardan fresco en canastas tejidas, todo se cocina en horno y fogón de leña por lo que la comida siempre tiene ese sabor ahumado especial que solo da la leña de verdad. La comida es, como dije arriba, absolutamente espectacular, Mary y Guillermina las chefs tienen una sazón increíble y desde los jugos de frutas amazónicas como arazá, açaí y copoaçu, pasando por el pan de arracacha hecho en el hotel y las galletas de avena hasta los envueltos de pescado con casabe y fariña de yuca, absolutamente todo es exquisito incluyendo la conversación con ellas y sus ayudantes si como yo, son madrugadores y les gusta irse a echar chisme a la cocina.

Además en la cocina también es donde están los bananos, y por lo tanto es a donde llegan los monos a pedir que les den fruta. En la temporada de lluvias que nosotros fuimos, hay muchas frutas en la selva entonces no vienen tan seguido como en la temporada seca que pueden visitar hasta 3 veces al día. A nosotros nos tocó ver monos «bebeleche» (por su boquita blanca que parece un bigote de leche… espacio para morir de amor) pero nos contaron que también llegan monos ardilla.

Otros espacios deliciosos del hotel son: el comedor que también tiene vista al río y en la noche se ve mejor aún rodeado de su mosquitero, y el salón en donde hacíamos yoga y los talleres del retiro que cuando no hay retiro es un lugar para irse a leer y a descansar en hamacas con un coro de ranas y sapos que sale a ensayar su repertorio cada día al atardecer.

Ranas y Sapos en el salón de Calanoa

Otra de las cosas más encantadoras del hotel es el mobiliario, todo es hecho con técnicas de las comunidades locales, en maderas amazónicas. Mi amor absoluto: los banquitos en forma de animales tallados hechos por los artesanos del Vergel: Hugo León y Henry Carvajal, obras de arte en las que uno se puede sentar.

Un recomendado cuando la tarde está despejada es irse a acostar en la punta del muelle, echarse mucho repelente de insectos e irse bien cubierto para evitar picaduras, y acostarse a ver cómo va cambiando la luz, el río se prende en llamas y la banda sonora pasa de pájaros a grillos aturdidores y ranas mientras que una manada de cocuyos enciende las copas de los árboles que caen sobre el muelle.
En una noche de estas viendo las estrellas vimos decenas de satélites, y las dos estrellas fugaces más grandes y más brillantes que he visto en mi vida, de verdad, parecían pequeños cometas con estelas amarillas y naranja.

Iba a escribir todo este viaje en una sola entrada pero creo que el hotel es tan mágico y bonito que me toca partir el viaje en dos y dedicarle esta primera solo al lugar que nos acogió con toda la abundancia de la selva y las comodidades de la casa.

En la próxima entrada les cuento qué hicimos, y a dónde fuimos.

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