Un viaje por la costa oeste de Estados Unidos parte 2

Retomando la publicación de la primera parte de este viaje, continúo con nuestro recorrido.

PORTLAND Y LA COSTA DE OREGON

El camino de Seattle a Portland es muy bonito, se ven muchos de los bosques de Oregon que mencioné antes, y también muchos cultivos y granjas que no me dejan de descrestar por su extensión y porque son muy tecnificados.

Portland es una ciudad chiquita partida en dos por el río Willamette, llena de ciclorutas, y, en los últimos años se ha convertido en el lugar al que escaparon muchos artistas y creativos de San Francisco después de que el boom de internet y el Silicon Valley convirtieran a SF en una de las ciudades más caras de EEUU para vivir. Por esta migración reciente, la ciudad tiene una personalidad como muy indie y al mismo tiempo medio hippie que la hace muy especial: las tienditas, la cultura ecológica, el civismo, todo es como tranquilo y a un ritmo más lento.

Lo primero que hicimos fue ir a desayunar a Cafe Broder, un restaurante sueco IMPERDIBLE que queda en el barrio de Hawthorne. Hay que llegar con tiempo y paciencia porque hay fila (nosotros llegamos a las 8:30 y no tuvimos que esperar nada pero después había una fila largota) y probar las aebels que son como unas bolitas de masa de donut con azúcar pulverizada, que, como dijo la persona que me recomendó el lugar: saben a niño dios. Los crepes de papa son espectaculares y el sanduche de huevo en cacerola es como para soñar con él.

Con la barriga llena y el corazón contento, nos fuimos a dar vueltas por el barrio que es muy lindo, de nuevo, como en Seattle, las casitas tienen sus jardines con plantas silvestres y como es una ciudad un poco más hippie, sofás en los balcones, y todo tipo de curiosidades intercaladas con edificios de arquitectura moderna que combinan materiales y texturas.
En este barrio también, por petición mía, visitamos Jackpot Records, una tienda de vinilos buenísima en la que terminé haciendo amigos que al final me regalaron una camiseta con el logo para que haga propaganda en Medellín : )
Hay que tener en cuenta que en Oregon no hay impuestos entonces es el lugar para hacer las compras.
La siguiente parada fue Washington Park, específicamente dos lugares que teníamos muchas ganas de ver y que superaron todas nuestras expectativas: el jardín de rosas y el jardín japonés que están uno frente al otro. Valen mucho la pena, los dos y probablemente explorar más el parque porque es muy bonito.

Después del parque fuimos a visitar otro tipo de paraíso: Powell’s city of books: una librería de una cuadra completa con más de 3 pisos en la que uno se puede perder una semana entera  y no aburrirse un minuto. Sobra decir que se nos fueron volando las horas en este lugar. Queda en un barrio que se llama Pearl District que también está muy bien para caminar, tiene tiendas muy lindas y buenos restaurantes.

Rematamos el día viendo el atardecer en el parque lineal frente al río y dando una caminada hasta que nos espantó el viento y nos fuimos a dormir.

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Al día siguiente salimos temprano para un lugar que encontré por internet y que se convirtió en favorito instantáneo: Cannon Beach, una playa nublada con unas rocas espectaculares en la mitad del mar, llena de piscinitas naturales que tienen todo tipo de seres marinos. Deliciosa para caminar y con buenos restaurantes para almorzar, implicaba un mini desvío hacia el norte pero valió totalmente la pena.

De ahí hacia el sur por la carretera 101 (Pacific Scenic Highway) empieza un despliegue de paisajismo natural de los más impresionantes que he visto: por un lado bosques de pinos interminables, por otro lado: riscos y playas nubladas a ratos y soleadas a ratos, y por un tercer lado dunas de arena con parches de árboles y un pastico verde fosforescente muy especial. Muchas oportunidades de hacer senderismo aquí, todos los caminos están marcados y deben ser espectaculares, nosotros no los hicimos por tiempo y porque estaba en paseo con papás pero  ¡es un motivo para volver!

Toda la carretera tiene puntos para parar a admirar el paisaje y a pesar de que se estaba oscureciendo tarde, nos tocó de noche una parte del camino que hizo que me diera FOMO de lo que me estaba perdiendo.
La primera noche de este tramo Portland – San Francisco la pasamos en un pueblito chiquito que se llama Florence, y la segunda ya fue en California en otro pueblito que se llama Eureka.

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Por hoy dejo aquí, en la próxima publicación hablaré de mi lugar preferido de todo el viaje y de mi querida San Francisco.


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